Mi historia

Mi historia

El nacimiento de un hijo nos cambia para siempre. Por más cliché que suena es verdad. Sin embargo, para cada uno es diferente. Esta es mi historia.

Empecé a planear mi parto desde antes de estar embarazada. Si a unas mujeres el sueño de su infancia es su boda y el vestido blanco, para mi era tener hijos. Siempre soñaba con una familia grande (en mi tierra esto es considerado desde 3 hijos) y – pum – en el penúltimo año de mi licenciatura me enamoro de un mexicano, una cultura donde la familia es lo más importante, los lazos son muy cercanos y la sociedad adora a los niños. ¡Yo tendré mínimo 5 hijos! siempre lo exclamaba, es tan fácil y natural, como no puede fluir todo. Empezamos con uno, ¿no?

Un año después de nuestra boda, pensábamos que estábamos listos y pronto tuve una prueba positiva de embarazo. ¡Qué emoción! Haremos otra, y la del laboratorio también para estar seguros y corriendo a hacer cita con el doctor que tanto me hablaban que es el mejor en Guadalajara en nacimientos humanizados apenas en mi semana 6. Este es el año 2014 cuando apenas se empezaba a tener conocimiento sobre una atención respetuosa al parto. Para mi familia política eso fue algo demasiado hippie y yo con mi deseo de querer controlar todo, tampoco logré tener click en ese centro. Mi sueño era un parto hospitalario pero natural y a mis términos, pensé que un embarazo es tiempo suficiente para prepararme y seré la mamá perfecta, tal cual como lo imaginé de chiquita, todas las actividades que haría con mis hijos, todo perfecto como una imagen de Instagram. Investigué doctores y elegí uno quién para mí era el balance perfecto entre ciencia y tecnologías pero respetando mis deseos.

Fast forward, estoy de parto con contracciones aún más intensas, todo lo aprendido en el curso psicoprofilactico dentro de lo posible aplicado, voy al hospital con dilatación muy avanzada y lista para el trabajo de parto. Mi doula ha intentado todas las posiciones, la tina parece un mar de lágrimas, mi doctor poco a poco empieza a ponerse un poco nervioso, yo estoy exhausta y quiero que esto se termine, que alguien me diga qué hacer. Estoy aferrada a nada de intervenciones y doy gracias a mi equipo que jamás me las ofrecieron. Por fin después de 3 h de pujo nace mi hija y yo en shock. ¿Qué tengo que hacer? ¿Cómo la abrazo? ¿Por qué la lactancia no fluye? ¿Por qué me siento tan mal si logré mi parto? Mi esposo por más cariñoso que es, ahora es papá, su atención es para nuestra bebé: su orgullo y la que quiere enseñar a toda su familia mientras yo me quedo sola y destrozada. Mi suegra abre una botella de champagne en el pasillo del hospital pero yo estoy en cuarto desesperada viendo a un ser humano que ni siquiera conozco y soy la única responsable de su sobrevivencia.

En ese momento juré jamás juzgar a otras mamás por elegir su camino como sea, todas hacemos lo mejor para nuestros hijos y pasamos por unos cambios tremendos, sacrificios increíbles disfrazados de imágenes falsas de bebé Gerber que jamás llora. Me prometí a trabajar para que esa transformación a la maternidad sea reconocida, acompañada y normal. No estamos solas, no debemos estar solas.

Lamento mucho que yo misma no bisque la ayuda que necesitaba emocionalmente, pensé que era normal, que le pasa a todas, que yo puedo con todo y al final si pude pero llevó demasiado tiempo y no se lo deseo a nadie. Poco a poco me recuperé físicamente (el dolor del desgarre tardó semanas, perdida de los 17 kilos extra mucho más), tuve apoyo de una asesora de lactancia, en varios meses, al fin me animé a salir de la casa sola, encontré un grupo de mamás con intereses parecidos, ya no estaba sola.

Poco después del primer cumpleaños de mi hija asisto al taller de formación de doula de parto impartido por Penny Simkin (fundadora de DONA International, una de las organizaciones más importantes que otorgan las certificaciones a doulas) y descubro un mundo nuevo, lleno de ojos brillantes por unos cambios reales para una atención más respetuosa de la maternidad. Ahí formé otro círculo de confianza, empecé a trabajar como doula voluntaria en Hospital Materno Infantil Esperanza Lopez Mateos y con mamás en atención privada. Juntando más formaciones y talleres en el año 2020 ya con mi segundo hijo más independiente decido enfocarme también en posparto, un área prácticamente olvidada en México. Formo la primera generación de doulas de posparto entrenadas por CAPPA y espero que junto con este blog sea de mucha utilidad para muchas familias en Guadalajara y México.